Final del verano de un cubano a ritmo literario (6)


Escritora Maribel Feliú y Deville, en Cuba

Escritora Maribel Feliú y Deville, en Cuba

    Agosto fue un mes intenso. He comenzado a trabajar (a tiempo completo) con una editorial de la Asociación Hermanos Saiz (AHS), organización que reúne a los jóvenes escritores y artistas de la isla. La editorial en cuestión se llama La Luz y tengo cerca de cinco años de trabajo realmente voluntarios con ella. Mi corazoncito se permite este tipo de cosas; es decir, trabajar sin recibir nada a cambio; me refiero a lo material, claro.

    El hecho de haber asumido este nuevo trabajo supone enfrentar “nuevos trabajos”. Llevar a feliz término el plan editorial del 2009 y concretar lo que debe suceder en materia de libros nuevos para el 2010, es una tarea engorrosa (pero como diría un amigo “se goza”). Hacer libros, permanecer vinculado a ese fenómeno excepcional de traer a la luz (vuelve La Luz) un puñado de poemas y cuentos escritos por poetas y narradores por lo general muy jóvenes, sin dudas premia. Atrás quedan las horas de disgusto, discusión, cuentas y facturas, conversaciones innecesarias (pero necesarias). Olvido que mis propios colegas de acá de Holguín,  no puedan entender por qué me ausento por días de las conversaciones en un café o simplemente por qué no les llamo por teléfono, ni les visito. Ofrezco el indulto a sus comentarios, a las comidillas del  mundo literario de provincia. Y finalmente les invito a  “Abrirse las constelaciones”, que es como se llama la peña que cada mes convoco desde las sedes itinerantes de La Luz. Pero volveré a estar con ellos…

      Pero esta peña, nombrada así por el verso de un poeta nacido por estos lares, ha ganado de mi (y de algunos otros) demasiado de nuestras vísceras, sólo que uno tiene que agenciárselas y hacer como si todo estuviera perfecto. Porque así tiene que ser (o parecer) el momento en que un escritor entrega al mundo un nuevo hijo; perdón, quise decir un nuevo libro. Y así, con las vísceras entre las manos pero sonriente, durante el mes de agosto vi abrirse el cielo para nosotros, los poetas de Holguín. Y detrás de esas estrellas vi que estaban los versos de Maribel Feliú, los cuentos de Javier Deville (guantanamero de Holguín), y también estaban los cuentos de Alcides Pereda, premiado con el Celestino de Cuentos en la tarde del 29. Y estaban los cuentos brevísimos de los 10 escritores que esa misma tarde respondieron a mi llamado y se sobrepusieron al “gran apagón”, mitigado por las luces medianamente poderosas de la TV local que se empecinaba en hacerme una entrevista para anunciar al millón y tantos de holguineros que los ven y escuchan que ya existe un DÉCIMO Premio Celestino de Cuentos; aunque ellos, los de la TV, no sabían realmente por qué tanta algarabía entre los literatos por eso de que “el Celestino” cumpliera la insignificante suma de 10 años.

    Y es que han sido 10 años y un poquito resistiendo a los embates de la Risograf (y sus dolencias); 10 años recorriendo el camino “arenoso” del escritor. Diez años soplando suavecito a la llama del candil de la que prende la lucecita de La Luz. Un lustro cuidando la “palmatoria” del ventarrón de las incomprensiones y descuidos. Diez años a los que se ha sobrevivido porque todavía hay quien piensa que la luz (La Luz) es necesaria y hermosa, porque detrás de cada volumen pequeño de papeles presillados y encuadernados rústicamente hay horas de desasosiego. Sí, muchas horas de insomnio dedicados a pensar en las posibles variantes para evitar que La Luz se apague. Y ahora viene a mi memoria una cancioncita, que tarareo en medio de esta descarga para los que se han puesto demasiado serios. No vayan a creerse que la sangre ha llegado al río, aunque casi… En fin, la canción en cuestión tiene un estribillo que dice así: que no se pague, que no se apague la lucecita… Por suerte nadie me escucha mientras espanto moscas con mi voz nasal o de falsete desafinado, todo depende de la pasión que ponga en la interpretación… Lo importante es que no dejo de cantar, como la cigarra. ¿Se acuerdan?: cuántas veces me mataron, cuántas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando… 

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3 Responses to Final del verano de un cubano a ritmo literario (6)

  1. Tomás Sandoval dice:

    Buscaba poetas de Cuba y me he encontrado con usted Luis Juseff de Holguín. Tengo en mis viajes al exterior programado ir a Cuba como destino de aprendizaje de cultura y diversión donde quizás te pueda ver y saber de más de sus producciones y las de su grupo de escritores.

  2. lully dice:

    ¡Enhorabuena! Luis Yuseff por tu actividad y porque disfrutas de ese compromiso adquirido.

    De otro lado, te presento mis condolencias por la partida terrenal de la negra de Argengina, Mercedes Sosa, una cantante que de luz… “que no se pague, que no se apague la lucecita…”

    ¡Te abrazo con sentimiento!

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