Abrir las ventanas

julio 9, 2009

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Miro desde arriba, dicen que abajo crecen las orquídeas. Las orquídeas y la rabia, me corrige un poeta en la memoria. Es la ciudad de Medellín. Parece que quiere salirse del cerco que le tienden las montañas; crece en edificios ávidos de luz; las casitas de las montañas trepan por las pendientes buscando algo que no sé lo que es, pero que supongo sea un horizonte, un “irse a lo más lejos”. ¿Qué miran las casa de cerámica (así decimos los cubanos, adobe le nombran los “paisas”) cuando permanecen quietecitas, como dormidas en un horizonte que está constantemente interrumpido por la tierra que sube y sube y sube…? Llegar al sitio que me espera es tortuoso, la carretera jamás conduce directamente a ningún lugar. Siempre hay sitio para el asombro. Esto se parece a Cuba.

Es la primera vez que pienso en Cuba fuera de Cuba y hago comparaciones inevitablemente. Uno necesita saber que algo en común existe entre el sitio que dejas y el lugar que te recibe. Uno necesita no sentirse extranjero. Y busca diálogos con lo palpable; eso es: con lo primero que aparece a nuestros ojos. Así que Santiago de Cuba es la comparación “uno”.

Ciudad + montaña = cansancio

Me agoto.  Me esperan días de muchos encuentros.

Leo para una amiga estas pocas palabras sobre mi llegada a Colombia. La dejo con los deseos de saber en qué se parecen Cuba y Antioquia. Le digo que eso es para luego. Ahora trato de tragarme de un solo bocado toda la belleza que se me ofrece y Cavafis me recuerda aquellos versos de las ventanas: quién sabe que nuevas cosas nos mostrarían…

Este es el inicio de mi acercamiento a ustedes, los que en algún momento vendrán a golpear a estas ventanas que están dispuestas a ser abiertas para los que quieran saber de Cuba y sus poetas…

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