Libros, librerías y bliblioteca que me dejó el verano (3)

septiembre 21, 2009

biblioteca EspañaAlgunas horas en las avenidas principales de Medellín, el calor sofocante (aunque nunca tan sofocante como el de Cuba) y un sol obstinado sobre la Plaza de Botero, fueron apenas el inicio del ascenso a lo que sería mi encuentro con la Biblioteca de España, una mole que gobierna la ciudad desde cualquier parte que se mira. Impone por lo abrupto con que surge de entre las nubes bajas y las casitas ocres de las montañas.

Allí están los libros que jamás un ser humano en cien años  podrá leerse. No sé si eso lo saben los niños que nos pidieron 3 minutos para contarnos a cambio de algunos “pesos” la historia local.  Ni sé, ni creo que podría cambiar las cosas, aunque si sé que una buena lectura haría la vida de cada una de esas criaturas que pululan por cualquier calle del mundo pidiendo dinero, un poquito mejor.

luis y arte Botero

Por lo menos a mí, que no ando por la vida con las manos extendidas sino para el abrazo, la lectura conciliadora me ha servido de mucho, aunque cueste caro y, a veces sea necesario dejar a un lado los paños más hermosos de la moda para traerme a casa la poesía completa de Alejandra Pizarnik, la autoantología de Pessoa o el volumen impresionante de los poemas de Konstantino Kavafis. A esos regalos de mis amigos de allá,  sumo “Pájaros y otros poemas” de Saint-John Perse, que hoy leo y releo gracias a la economía desinteresada de la dulce Genoveva.

En una librería del centro con Gladys

En una librería del centro con Gladys

A veces pienso que en Medellín me acompañaron más los libros que los poetas.  Es decir, estaba un poco más cerca de la Poesía; con el perdón…

(Continuará)

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Las alturas que me dejó el vereno (2)

septiembre 11, 2009

luis yuseff tomando las alturas

Algunos buenos amigos de acá en Cuba,  me han preguntado qué sentí cuando llegué a la tierra de los paisas. Quizás sentí un poco de temor con la respuesta que me venía de inmediato a los labios; podría defraudarlos, pero no vacilé en responder: nada. No sentí nada nuevo.

Y era (y es) que para mí lo más importante era que aquel viaje trascendía cualquier deslumbramiento, cualquier efecto de golpe, cualquier hermosísimo canto de sirena (tan peligroso como necesario y revitalizador para cualquier ser humano) porque estaba ascendiendo a los podios del alma humana, a las esencias de la Poesía. Si otros se acercaron tratando de encontrar intereses bastardos en mis conversaciones; si otros creyeron que con comentarios capciosos podrían herir mi sensibilidad, esos se equivocaron porque yo estaba demasiado involucrado con todo el cariño que me otorgaron mis amigos y mi atención se dirigió, casi siempre, a los versos de mis semejantes. Así las cosas, no me queda otra alternativa que decir que llegar a Medellín me hizo sentir que estaba arribando a un sitio que conocía de siempre; ya lo dijo el Apóstol,  América es una sola del Bravo a la Patagonia… Y ahora digo yo, recordando a la Madre Teresa de Calcuta: todos los pueblos son iguales… Y digo, también, que la particularidad que los diferencia es la actitud con que asumen su semejanza. Sin dudas es un acto de humildad esto de aceptarse iguales. Ya sabemos qué difícil es ser humildes.

Ahora, creo que mis amigos podrán entender que lo buscado en aquellos pasillos de aeropuertos; lo que respiré del aire de Antioquia; lo que traje de ese pueblo conmigo no puede resumirse en unas pocas palabras destinadas casi siempre a crear falsas expectativas. A provocar un estado de opinión entre mis “contertulios” que en su mayoría tampoco han visto otra tierra que no sea esta que Cristóbal Colón descubrió hace poco más de 500 años. El hecho de haber salido por primera vez de Cuba a mis 34 años, no mutiló ni generó sensaciones novedosas en mí.  Esa -creo- es la manera que tengo de asumir los “enfrentamientos”, con naturalidad. Y lo escribo así, marcándolo con toda intención, porque el hecho solo de encontrarme a no sé cuántos pies de altura sobre el nivel del mar en un avión (¡se me congela el estómago!) es ya un enfrentamiento de difícil asimilación para el más común de los cubanos (al menos para mí, cubano y común) porque se trata, sin dudas, de un  “enfrentamiento real con las alturas”.  Con las alturas reales.

(continuará)


Las cosas que me dejó el verano (I)

septiembre 7, 2009

luis yuseff en la UDEA

El próximo 9 de septiembre cumpliré  2 meses de estar  “golpeando ventanas”. La idea de este blog surgió en Medellín, Colombia. Para los que me visitaron en un inicio y dejaron constancia de su paso por esta página, saben que estaba por esa tierra suramericana como invitado al Festival Internacional de Poesía de Medellín. Fueron días en verdad intensos. Muy intensos. Era la primera vez que tomaba un vuelo internacional; era la primera vez que me iba a leer mis poemas a un público que no fuera el de mi país. No sabía cuánto podría interesarle a un país como Colombia -tan acostumbrado a escuchar poetas de todas partes del mundo- los poemas de un escritor cubano, “joven” por demás.

El Premio de La Gaceta de Cuba me fue anunciado aproximadamente 2 meses antes de que se inaugurara el festival. El hecho de haber ganado ese premio daba por sentado la posibilidad de viajar a Colombia y estar entre los invitados de ese año al importante evento poético. Pero como ya es costumbre para todo el que necesita “viajar”, después de algunos contratiempos y gestiones de rigor que me mantuvieron a la expectativa, tomé finalmente el vuelo del día 3 de julio hacia Medellín.

Una periodista amiga mía, en entrevista que publicó en el “Cortadito Cubano” bajo el título “Nadie sabe lo que es la Nada”, y que respondí sólo después de haber estado de vuelta a Cuba, me preguntó acerca del proceso que me autorizaba a viajar hasta Colombia.  Entonces le dije  -y lo repito otra vez- que,  lo importante para mí no era el cómo había llegado, sino el hecho mismo de haber estado allí.  Una cosa si estaba clara para mi: era la primera vez que salía de la Isla y lo había hecho nada menos que impulsado por la energía vital de la Poesía. Nada absolutamente merecía más atención que eso y, como es natural, tampoco mayor protagonismo.  Uno tiene que aprender a vivir con alegría el minuto inmediato y no gastarse siquiera un segundo en mirar atrás.

Todo lo que puede detenerme en ese tipo de consideraciones es tiempo que sé le resto a la creación, horas que le arrebato a mis amigos,  días que le niego a mi familia. Así que los nueve días que estuve en Medellín fueron algo más que mi primer encuentro con el mundo exterior. Fue, no me quedan dudas, hacerle espacio real a la Poesía.

(… Continuará muy pronto, amigos)


Abrir las ventanas

julio 9, 2009

SDC11542

 

 

 

 

 

 

 

Miro desde arriba, dicen que abajo crecen las orquídeas. Las orquídeas y la rabia, me corrige un poeta en la memoria. Es la ciudad de Medellín. Parece que quiere salirse del cerco que le tienden las montañas; crece en edificios ávidos de luz; las casitas de las montañas trepan por las pendientes buscando algo que no sé lo que es, pero que supongo sea un horizonte, un “irse a lo más lejos”. ¿Qué miran las casa de cerámica (así decimos los cubanos, adobe le nombran los “paisas”) cuando permanecen quietecitas, como dormidas en un horizonte que está constantemente interrumpido por la tierra que sube y sube y sube…? Llegar al sitio que me espera es tortuoso, la carretera jamás conduce directamente a ningún lugar. Siempre hay sitio para el asombro. Esto se parece a Cuba.

Es la primera vez que pienso en Cuba fuera de Cuba y hago comparaciones inevitablemente. Uno necesita saber que algo en común existe entre el sitio que dejas y el lugar que te recibe. Uno necesita no sentirse extranjero. Y busca diálogos con lo palpable; eso es: con lo primero que aparece a nuestros ojos. Así que Santiago de Cuba es la comparación “uno”.

Ciudad + montaña = cansancio

Me agoto.  Me esperan días de muchos encuentros.

Leo para una amiga estas pocas palabras sobre mi llegada a Colombia. La dejo con los deseos de saber en qué se parecen Cuba y Antioquia. Le digo que eso es para luego. Ahora trato de tragarme de un solo bocado toda la belleza que se me ofrece y Cavafis me recuerda aquellos versos de las ventanas: quién sabe que nuevas cosas nos mostrarían…

Este es el inicio de mi acercamiento a ustedes, los que en algún momento vendrán a golpear a estas ventanas que están dispuestas a ser abiertas para los que quieran saber de Cuba y sus poetas…